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Pere Mas i Pascual
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SERRAT, EL POETA QUE HERMANA A LOS PUEBLOS CON LA LIBERTAD

Lun Dic 10, 2007 6:11 pm

SERRAT, EL NOBEL PARA UN POETA HISPAÑOL
Escrito por: termitavirtual07 el 24 Sep 2007 - URL Permanente

SERRAT, EL POETA QUE HERMANA A LOS PUEBLOS CON LA LIBERTAD

EN TORNO AL ESCRITOR COMO SUMA DE VOLUNTADES.

Gracias a Serrat tuve consciencia, por primera vez, de que el castellano era sólo una de las lenguas de España. Vivía en Calarcá, un pueblo blanco con cura, alcalde y policía de esquina incluído. En el enorme televisor de tubos de la Tía Fanny vimos a un joven con cuatro lunares en el rostro que disminuían como galaxias de cielos distantes. Su voz cantaba poemas esenciales acompañados de una guitarra consentida.

Pudo haber sido, la memoria no es fiable, en el Show de las estrellas, programa de Jorge Barón que contactaba a los colombianos con los protagonistas de la canción iberoamericana. Para finalizar el concierto, el joven que ya nos había sembrado calles anheladas: “Escapad gente tierna, que esta tierra está enferma y no esperes mañana lo que no te dio ayer”, cantó en catalán una canción sobre un niño que le pregunta a su padre por la muerte progresiva del río. En ese entonces la palabra ecología no hacia parte del léxico de los colombianos; pero ya el cantautor nos alertaba sobre un desolador peligro. Nosotros no entendíamos; y no sólo porque lo cantara en ese idioma de suavidad y de arrullo donde toda pasión es posible y tan ajeno a la cotidiana forma de entendernos; sino porque los ríos corrían cercanos, diáfanos y generosos en esos años de infancia. Canción que recupero reactualizada en Youtube, para saldar una deuda de la memoria.

Fue quizás el cantor que ayudó a la transición de las calles heredadas a las calles construídas, con una música diferente de los bambucos de Garzón y Collazos tarareados por Doña Graciela, de los tangos y la milongas que azotaban los cafetines del pueblo; o de las rancheras repetidas en la radio, en "mañanitas quindianas", para acompañar los afanes de prepararse para ir al colegio. Una música distinta a la balada latinoamericana; música que apareció en las notas de los cuadernos escolares cuando nuestros corazones adolescentes se agitaban con Sandro de América, indiscutible inventor del Rock en Español. Y con las canciones de los argentinos Sabú, Palito Ortega, Leonardo Favio y de los españoles, Rafaél y Camilo Sexto. Música para los enamorados del amor; para ausencias irreales y pasiones abruptas que aún no padecíamos. Lloros de un alma que se afanaba al encuentro.

Serrat llegó a nosotros con otra dimensión. La dimensión del cantautor, que no es otra cosa que un poeta que le pone música a sus palabras. Serrat llegó en forma de literatura sonada. De poema auténtico, sentido, trasmutado. Serrat no era un cantante, un histrión sin pensamiento. Y eso hacía la diferencia. Serrat era, es y continúa siendo un poeta que se vale de la música para integrarse a sus contemporáneos para compartir con ellos la alegría que le inunda. Sus canciones son versos que vuelan, buscan oídos y nidos donde belleza y esencia anudan, se entrelazan, liberan. Palabra y música, alas de un pájaro que permite que el espíritu sonría, se emocione, vuele, trascienda.


Poeta sin igual que se afirmó en su propia lengua, el catalán (Ara que tinc vint anys y Cançons tradicionals Poemarios de 1967; así como Con ho fa el vent poemario de 1969), antes de lanzarse en un vuelo definitivo sobre el continente iberoamericano. No sin antes incursionar en el portugués, ese otro sonoro idioma de la tierra iberoamericana, -como los son también el quechua y el aimará-, en el que escribe para consentirse y consentir a los suyos.

La academia -tradicional, adocenada y resistente al cambio-, se ha negado a mirar y analizar desde la perspectiva literaria el aporte de Serrat a la poesía hispañola. Hija de la modernidad, la académica es incapaz de entender como producción poética, cualquier cosa que esté fuera de los libros, del impreso. Pero si hiciera el esfuerzo necesitaría al menos dos buenos volúmenes para editar la poesía completa escrita por Serrat. Poesía, señores académicos, así en ese término inconfundible, limpio, irrevocable.

Es posible, que sólo viéndola editada los críticos se animen a considerar la creación de Joan Manuel Serrat, al lado de nombres como los de Antonio Machado, Miguel Ángel Hernández, Rafaél Alberti, Mario Bendetti, Joan Salvat-Papassiet. Poetas grandes por su poesía a ambos lados del atlántico, a quienes les ha prestado alas con su música y su interpretación. Sin embargo, pocos conocerían a Machado, Alberti o Hernández, incluso no los hubieran llegado a oír mencionar a menos que pertenecieran a círculos de estudiosos de la literatura. Serrat por el contrario los hizo visibles y los puso en boca de millones de hispanoparlantes que tararean sus versos, a veces, sin conocer la historia de sus autores. El nombre de Serrat y los versos rescatados por sus canciones les basta para saber que caminante no hay camino, se hace camino al andar; desdecir con fuerza la soberbia de los oscuros pedantones al pañío, frente a la transparencia de las buenas gentes que viven, laboran, pasan y siembran y que un día como tantos descansan bajo la tierra; o apreciar la España multicultural que vibra, llena de contradicciones, en la saeta que le canta al Cristo que anduvo en la mar. Su voz le presta dolor a la imagen del niño yuntero, agudiza la tristeza del hombre preso que canta para su hijo recién nacido la nana de las cebollas, y se levanta insumisa y beligerante para recalmar la libertad. Canción que, además, fue censurada en el programa: A su aire emitido por la televisión española en 1974.


Serrat, el poeta, es uno de los ejemplos del escritor como suma de voluntades.

Su voluntad de sentir, -extrañamiento de lo cotidiano que permite re-presentar el mundo mirado con asombro-, se traduce en una serie de poemas donde las cosas pequeñas, cotidianas, pedestres si se quiere, retornan al lector transmutados en epifanías: “uno se cree que los mató el tiempo y la ausencia, pero su tren tomo boleto de ida y vuelta”. O en la historia personal del ser humano que crece, con la posibilidad del infante normal, en su mundo de ensoñación: “Tenía diez años y un gato peludo, funámbulo y necio, que me esperaba en los alambres del patio a la vuelta del colegio. Tenía un balcón con albahaca y un ejército de botones y un tren con vagones de lata, roto entre dos estaciones.” Voluntad de sentir con intensidad y de reinventar el recuerdo con la tesitura poética de las cosas simples: “Barquito de papel, sin nombre, sin patrón y sin bandera, navegando sin timón donde la corriente quiera. Aventurero audaz, jinete de papel cuadriculado, que mi mano sin pasado sentó a lomos de un canal. Cuando el canal era un río, cuando el estanque era el mar, y navegar era jugar con el viento, era una sonrisa a tiempo, fugándose feliz de país en país, entre la escuela y mi casa, después el tiempo pasa y te olvidas de aquel barquito de papel”. Metáfora de la vida que como los ríos de Manrique van a dar al mar; que es el morir. Carga existencial que tampoco es ajena al poeta Serrat “Si la muerte pisa mi huerto ¿quién firmará que he muerto de muerte natural? ¿Quién lo voceará en mi pueblo? ¿quién pondrá un lazo negro al entreabierto portal? ¿Quién será ese buen amigo que morirá conmigo, aunque sea un tanto así?”

Serrat, es igualmente el escritor con una voluntad de pensar y pensarse. Sus poemas no son simples entretenimientos o nostalgias inanes; tienen un propósito, una ética y una estética particular que no le hace concesiones al statuo quo. Romances citadinos que se oponen a la mezquindad de la ética deontológica como máscarada: “Y con la resaca a cuestas vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas. Se despertó el bien y el mal la zorra pobre al portal la zorra rica al rosal y el avaro a las divisas. Se acabó, que el sol nos dice que llegó el final. Por una noche se olvidó que cada uno es cada cual.” Procesos urbanos que el poeta retoma con ironía en “la aristocracia del barrio”, “yo me manejo bien con todo el mundo” “Señora”, para evidenciarnos que esos jóvenes -mal mirados por los adultos amnésicos-, envejecerán, con el paso del tiempo, horneando pan o construyendo mundos mejores. Siempre al filo del escándalo en los gallineros de las "señoras bien", los poemas de Serrat obligan varias lecturas. Como el vino, sus letras añejan con calidad y tienen mejor sabor con el tiempo. Esa voluntad de pensarse universal, libre, anárquico, cosmopolita, hispañol, cósmico y ecologista; de ser consecuente con sus posiciones políticas ha repercutido en su vida personal y artística. Vetado en Televisión Española por el régimen franquista hasta 1974, tuvo que exilarse en México al año siguiente por sus declaraciones públicas. Sus versos siembran pavor entre los poderosos, entre los farsantes, entre los seguidores de Escrivá de Balaguer. La facilidad que les brinda la música para insertarse en la memoria colectiva, ha sido considerada subversiva, no sólo en su tierra natal: el genocida chileno Augusto Pinochet censuró su música en 1983. Y no es gratuito que Serrat celebrara con un concierto apoteósico en el Luna Park de Argentina, el regreso de este país iberoamericano a la democracia, después de un regimen del terror que aún hoy sacude con historias siniestras a los coterraneos de Borges, ese otro poeta universal.


La voluntad de crear, que demanda capacidad para trasmutar lo sentido y lo pensado en una obra concreta, en objeto que otro disfruta asombrado, también es una condición presente en la trayectoria artística del poeta catalán. Su dilatada discografía, en la que a veces figuran dos volúmenes por año, casi en su totalidad poemarios propios, lo demuestra: Ara que tinc vint anys (1967); Con ho fa el vent (1969); Dedicado a Antonio Machado, poeta (1969);…e as suas cançoes (1969) La paloma, (1969); Mi niñez (1970); Serrat/4 (1970); Mediterráneo (1971); Miguel Hernández (1972); Per el meu amic (1973); Para vivir (1974); Para piel de manzana (1975); Res no es mesquí (1977); 1978 (1978); Tal com raja (1980); Encontre (1980); En tránsito (1981); Cada loco con su tema (1983); Serrat al grec (1983); Serrat en directo (1984); Fa vint anys que tinc vin anys (1984); El sur también existe (1985); Sinceramente teu (1986); Bienaventurados (1987); Material sensible (1989); Utopía (1992); Nadie es perfecto (1994); Sombras de la china (1998); Canciones (2002); Versos en la boca (2002); Mo (2006). Y esto sin contar la extensa lista de producciones colectivas en colaboración con otros artistas.

A quien le interese profundizar en el tema le recomiendo visitar su nombre en Wikipedia y la página de Cancioneros.Com.

http://www.cancioneros.com/cc.php?NM=10.

A esta voluntad para crear del poeta Serrat, está íntimamente ligada la voluntad de crear del Serrat compositor. Una voluntad que le obliga a conocer los ritmos y los más variados instrumentos de esa Iberoamérica intercontinental, para incorporarlos con intención ecuménica en la rica musicalización de sus poemas. Son legendarios sus desplazamientos a cualquier país de América, sólo para encontrar al ejecutante apropiado de un instrumento insólito, que pueda matizar la calidad del paisaje sonoro de su próxima grabación. Como ningún embajador español, Serrat evidencia las esencias que trascendiendo el lenguaje nos hacen un solo continente, nos hermanan, nos invitan a la solidaridad, a la creación conjunta.

Y por último, la voluntad de persistir. Condición sin la cual el hecho de escribir no pasaría de una intención, un prurito, un deseo, una pose insignificante que amilanarían con facilidad los constantes embates del infortunio, o las incesantes llamadas de otros intereses. Voluntad de persistir, demostración de coraje y conquista de un espacio propio que encarna Serrat con suficiencia: Dejó atrás a muchos de los escritores que iniciaron carrera a su lado, a muchos de los cantantes que fueron estrellas de la música Pop y con la energia del creador continúa abriendo espacio a las nuevas generaciones.


Por la calidad de sus poemas, de una poesía desenfadada y coherente con su forma de sentir y mirar el mundo, que indubablemente ha evolucionado enriqueciéndose, Serrat puede figurar con todo el mérito literario en cualquier antología de la poesía iberoamericana. Fiesta, Mediterráneo, Cuando me Vaya, Mi niñez, De cartón piedra, La mujer que yo quiero, El titiritero, Palabras de amor, Lucía, Tu nombre me sabe a yerba, Cuando me vaya, Pueblo blanco, Sombras de la china, Que va a ser de ti, Vagabundear, Barquito de papel, Si la muerte pisa mi huerto, aquellas pequeñas cosas, Pare, Helena, Penélope, Romance del curro “El palmo”, Los macarras de la moral, Esos locos bajitos, De vez en cuando la vida, Princesa, son sólo la enunciación de algunos títulos de esos poemas antológicos. Imposible que esa enumeración la memoria no evoque la músicalidad que ellos conllevan. Como todo poeta que se respete no podía faltar entre sus poemas el “arts poética”, poema autocontenido en el cual el poeta hace consciencia y trasmite los códigos de su proceso creativo: “No hago otra cosa que pensar en ti”.

Un poeta que presiste porque se siente comprometido con el idioma de su pueblo, un pueblo que extiende sus límites desde la barcelona catalana hasta la mítica Tierra de Fuego. Un escritor que responde a un autentico deseo a una vocación esencial; porque Serrat es un ser humano que no sabría hacer otra cosa que ser poeta cantor. Excelente poeta que comparte sus sentimientos en la mejor forma que alcance para todos: las notas de una canción moderna. No se le debe negar a Serrat su esencia de poeta, como nadie le negaría a Pablo Neruda tal condición, sólo porque Serrat lo interpretara.

Porque encarna al escritor como suma de voluntades, pero sobre todo porque es uno de los poetas contemporáneos de mayor trascendencia popular, quiero pedir para Serrat El premio Nobel de Literatura. Y levanto tienda de campaña en estos desérticos parajes para desfacer el entuerto de su olvido, para que no muera sin recibirlo como le sucedio a Borges, su colega. Claro, a ninguno de los dos les importa, ni les importó el Nobel. Pero creo que le debe ser concedido, como le debió ser otorgado al más significativo de los escritores hispañoles.


Para empezar, España le debería otorgar a Serrat el Premio Principe de Asturias de Literatura en reconocimiento a su condición de Poeta. El Premio Príncipe de Asturias, considerado por algunos críticos como antesala del Nóbel. Y hacerle una edición de lujo de sus poemas y de los de los poetas cantados por él, como lo hiciera con Cien años de soledad de Gabriel García Márquez. De paso saldaría una deuda que tiene con muchos poetas hispañoles.

El Nobel para Serrat, el nobel para un poeta hispañol que hermana a los pueblos con la libertad.

Enlace:
http://lacomunidad.elpais.com/termitavi ... e-hispanol

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Luisa
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Lun Dic 10, 2007 7:40 pm

¡Uf! ¿Que decir?

Gracias, Pere.

Emosionaita perdia,

Luisa
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YOLANDA CHIARENZA
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la libertad

Jue Dic 13, 2007 8:09 pm

PERE BELLISIMO LO QUE HAS ESCRITO,Y TAN VERDADERO.CUANTO NOS HA ENSENADO EL MAESTRO !!!!!!!:)

YOLANDA
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