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Juan Lauro
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Serrat... por un poeta de Michoacán

Lun Feb 24, 2014 10:39 pm

Joan Manuel Serrat

24 febrero, 2014 Posted by Morelia y más

Por Neftalí Coria
Para Rosalía

La vida y los años son ineludiblemente un barco que se va, que no se queda, que sigue su navegación e implacable avanza, pese al oleaje mayor que cada día crece y se nos echa encima y en contra. No perdona la vida, pero nos hace creer que algo nos espera en la estación de la nostalgia. Y a ella vamos a buscar un tren.
En los últimos cinco años de los setenta, oí a Joan Manuel Serrat por primera vez. Aquellas canciones que hizo de los poemas de Antonio Machado y Miguel Hernández que no sé de nadie que no conozca al menos “Cantares”. Yo leía, escribía, cantaba, amaba, soñaba poco más de lo normal, y en mis sueños me iba al desbarrancadero de querer hallar la libertad, la democracia, el amor, la escritura, la felicidad y las invenciones de una soñada revolución que no era otra cosa que eso, un sueño. Labraba con vértigo este oficio de escribir que amé desde que tomó rumbo. El tiempo me enseñaría que el barco en el que se había convertido la vida, ya había comenzado a navegar hacia los mares de las decisiones y debía ser abordado con todo y el equipaje de los sueños y las esperanzas. Vendrían los años determinantes para mi poesía y para mi vida. Pasaba los días escuchando a Serrat, leyendo a Stevenson, a Neruda, a Whitman, y escribiendo en los parquecitos, los cafés de esta misma ciudad de Morelia que hoy es otra, más hecha a la vendimia y sobrepoblada.
Serrat me enseñó con el ejemplo, la dignidad de cantar y de elegir por vocación la poesía, como un oficio digno, aunque despreciado por los despreciables. Con Serrat muchos de mi generación aprendimos que el canto es la única capacidad humana que puede hacernos más humanos y con ello, encontrar la belleza en las palabras y que las palabras son el mundo. Con mis amigos cantábamos sus canciones, nos emborrachábamos bajo la luz de sus canciones y le concedíamos razón demás en lo que sus letras decían. Era nuestro guía, y nos dejábamos el pelo largo como él, y le cantábamos en serenata a las mamás de nuestras novias la canción de “Señora”. Era ejemplo de una deliciosa rebeldía, de una manera de ser joven que en nada se parecía a los modelos acartonados que la televisión en nuestro país, ya estaba fabricando.
Para mí fue esencial porque me dio fuerzas para abandonarlo todo y largarme de la ciudad y buscar espacios para estudiar el teatro y la literatura de donde ya no daría marcha atrás, ni volvería nunca a la escuela de veterinaria que había abandonado con la frente alta en nombre del arte. Joan Manuel Serrat y sus canciones, fueron vertebrales para seguir escribiendo versos, para seguir cantando, para seguir soñando como hasta hoy día no he dejado de hacerlo contra todo y pese a todo, y sin arrepentimiento alguno.
Y ahora que estoy llegando a mi casa de asistir a un concierto en vivo de Joan Manuel Serrat, me ha hecho recordar que mi vida ha sido hermosa y en ella creo, y como él confesó hacerlo, yo también amo mi oficio, en el que sus canciones contribuyeron a que fuera posible, y su sombra ha permanecido en mi vida hasta el último de sus discos. Porque es un artista ejemplar, trabajador incansable y esa madurez de su setenta años, le ha dado un aplomo sobre el mundo, que no lo consigue cualquiera, por más años que le pasen encima.
Un concierto delicioso es al que he asistido, sus canciones me conmovieron todavía, después de haberlas oído durante los últimos 37 años. Toda la vida para cantar, ni siquiera se dice fácil. Cuesta la vida, cuesta la voz, una carrera como la de Serrat. Y podrán decir lo que gusten, pero su labor por la poesía, su labor por las palabras y la música ha sido determinante en al menos, un par de generaciones que en el concierto de esta noche, estuvieron atentas y sumamente nostálgicas. Pero si la nostalgia sólo nos hace nada más para quedarnos mirando si parpadear a lo lejos, no sirve. La nostalgia de haber escuchado a Serrat en vivo, me dio ánimos para seguir creyendo que la vida tiene un futuro breve, pero enriquecido por esas memorias de aquellos días en que escuchaba un disco de cuarentaicinco revoluciones por minuto en el viejo tocadiscos que compró mi hermano Fernando hasta que se rayó de tanto ponerlo. Era un disco anaranjado donde venía “Cantares” por un lado y “La Zaeta” por otro; dos especies de himnos del gran Machado, cantados por Joan Manuel para mi adolescencia y sus encantos. La nostalgia me ha devuelto con claridad aquellos días, donde la vida no era un barco que se va, que no se queda, que sigue su navegación e implacable avanza, sino un “Barquito de papel, sin nombre sin timón y sin bandera, navegando sin cesar, donde la corriente quiera…” Era otros días “cuando el canal era un río, cuando el estanque era el mar y navegar, era jugar con el viento, era una sonrisa a tiempo…”
Y esa nostalgia que me hace verme a lo lejos, me da esperanza y estoy seguro, que aquellos sueños no fueron en vano, que algo no se rompió, que algo del corazón gastado, queda y canta, y se emociona con la hermosa vida de la que este maravilloso y honrado cantor forma parte. Y pienso que sólo por eso y un poco más, valió la pena vivir.

Neftalí Coria. Huaniqueo, Michoacán; México, 1959.
Poeta, Dramaturgo, Novelista y Director de teatro. Ha publicado, entre otros, los siguientes libros de poesía y teatro: Cuaderno para detener un río (1990), El libro de los duraznos (1994), LunaMía (1994), Cuaderno infiel, (1996), Adoración de San Juan (1996), Bestiario de Viento y Fuego (1998), Javiera en el acuario de los peces rotos (Teatro, 1988), Comienza el Tango (Teatro, 1992).
Desde hace 1989 coordina talleres de poesía. Ha sido coordinador del suplemento Cultural Acento de La Voz de Michoacán, Editor de la Colección de libros Luna de Río de la Universidad Michoacana, Coeditor de la revista Ventana Interior y Director de la revista de poesía LunaMía.
Fue becario del FOESCAM en el área de Letras (Dramaturgia) en el periodo (2002-2003)
Sus últimas publicaciones son:
- Camas de Espesura y Jade, (Bilingüe) publicado por Art Alliance, New York, (2003),
- 2ª. Edición de su libro Cuaderno para detener un río, Tierra Adentro y SECUM (2005)
- Cuatro poemas bajo la Sombra mirada, en el catálogo de la exposición Sombra mirada de Arturo Rivera, (Proart, 2009)
- Tejer la luna con las manos (Tisser la lune de ses mains), Ed. Bilingüe, traducida al francés por Nayelli Castro Ramírez y publicada en Bélgica (2009)
"En esta vida lo importante no es lo que te ocurre sino cómo lo afrontas" JMS

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