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Re: Luis Cernuda

Mié Ene 20, 2010 6:52 pm

La sombra

Al despertar de un sueño, buscas
Tu juventud, como si fuera el cuerpo
Del camarada que durmiese
A tu lado y que al alba no encuentras.

Ausencia conocida, nueva siempre,
Con la cual no te hallas. Y aunque acaso
Hoy tú seas más de lo que era
El mozo ido, todavía

Sin voz le llamas, cuántas veces;
Olvidado que de su mocedad se alimentaba
Aquella pena aguda, la conciencia
De tu vivir de ayer. Ahora,

Ida también, es sólo
Un vago malestar, una inconsciencia
Acallando el pasado, dejando indiferente
Al otro que tú eres, sin pena, sin alivio.



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Re: Luis Cernuda

Mié Ene 20, 2010 6:53 pm

Las islas

Recuerdo que tocamos puerto tras larga travesía,
y dejando el navío y el muelle, por callejas
(entre el polvo mezclados pétalos y escamas),
llegué a la plaza, donde estaban los bazares.
Era grande el calor, la sombra poca.

Con el pecho desnudo iba, distraído
como si familiares fuesen la villa y sus costumbres,
y miré en un portal al mercader de sedas
que desplegaba una, color de aurora, fría a los ojos,
sintiendo sin tocarla la suavidad escurridiza.
Ante un ciego cantor estuve largo espacio,
único espectador, y parecía cantar para mí solo.
Compré luego a una niña un ramo de jazmines
amarillentos, pero en su olor ajado tuvo alivio
la dejadez extraña que empezaba a aquejarme.

Desanudada la faja en la cintura,
unos muchachos que pasaban, reían,
volviendo la cabeza. Acaso me creyeron
Ebrio. Los ojos de uno de ellos eran
como la noche, profundos y estrellados.

La humedad de la piel pronto se disipaba
por el aire ardoroso, a cuyo influjo
mi pereza crecía. Me detuve indeciso,
acariciando el cuerpo, sintiendo su tibieza
lisa, como si acariciara un cuerpo ajeno.

Seguí, por parajes nunca vistos,
mas presentidos, igual a quien camina
hacia cita amistosa. Deponía la tarde
su fuerza, cuando al fin quise
buscar reposo ante un umbral cerrado.

Era un barrio tranquilo. Mis párpados pesaban
(acaso dormí mucho), y al abrirlos de nuevo
ya el sol estaba bajo en el muro de enfrente.
Una presencia ajena pareció despertarme,
porque al volver la cara vi una mujer, y sonreía.

Como si de mi anhelo fuese proyección, respuesta
ante demanda informulada, me miraba, insegura;
aunque yo nada dije, con gesto silencioso,
invitándome adentro, me tomó de la mano.
La seguí, con recelo más débil que el deseo.

La sala estaba oscura (ya caía la tarde).
Sobre la estera había almohadas, un cestillo
anidando manojos de magnolias mojadas,
de excesiva fragancia. filtró la celosía
unas palabras de la calle: «Le encontraron muerto».

Las pensé referidas a un camarada,
quizá presagio de mi sino. Pero ella,
atrayéndome a sí, sobre la alfombra
el ropaje tiró, como cuchillo sin la vaina,
fría, dura, flexible, escurridiza.

Mis manos en sus pechos, su cintura
quebrarse pareció al extenderme sobre ella,
y en el silencio circundante, al ritmo
de los cuerpos, oí su brazalete,
queja del ave fabulosa que escapaba.

La oscuridad llenó la sala toda
cuando saciado y satisfecho quise irme.
En la puerta (ella como mi sombra me seguía),
al cruzar su dintel, sentí que entre mis dedos
quedaba el brazalete, ahora inerte y mudo.

Mucho tiempo ha pasado. No aceptara
revivir otra vez esta existencia.
Mas no sé qué daría por sólo aquel instante
revivirlo. Bien sé que apenas tengo con qué tiente
al destino, ni el destino tentarse dejaría.

Cuando el recuerdo así vuelve sobre sus huellas
(¿no es el recuerdo la impotencia del deseo?).
Es que a él, como a mí, la vejez vence;
y acaso ya no tengo lo único que tuve:
Deseo, a quien rendida la ocasión le sigue.



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Re: Luis Cernuda

Mié Ene 20, 2010 6:53 pm

Los espinos

Verdor nuevo los espinos
tienen ya por la colina,
toda de púrpura y nieve
en el aire estremecida.

Cuántos cielos florecidos
les has visto; aunque a la cita
ellos serán siempre fieles,
tú no lo serás un día.

Antes que la sombra caiga,
aprende cómo es la dicha
ante los espinos blancos
y rojos en flor. Vé. Mira.







Los fantasmas del deseo

Yo no te conocía, tierra;
con los ojos inertes, la mano aleteante,
lloré todo ciego bajo tu verde sonrisa,
aunque, alentar juvenil, sintiera a veces
un tumulto sediento de postrarse,
como huracán henchido aquí en el pecho;
ignorándote, tierra mía,
ignorando tu alentar, huracán o tumulto,
idénticos en esta melancólica burbuja que yo soy
a quien tu voz de acero inspirara un menudo vivir.

Bien sé ahora que tú eres
quien me dicta esta forma y este ansia;
sé al fin que el mar esbelto,
la enamorada luz, los niños sonrientes,
no son sino tú misma;
que los vivos, los muertos,
el placer y la pena,
la soledad, la amistad,
la miseria, el poderoso estúpido,
el hombre enamorado, el canalla,
son tan dignos de mí como de ellos yo lo soy;
mis brazos, tierra, son ya más anchos, ágiles,
para llevar tu afán que nada satisface.

El amor no tiene esta o aquella forma,
no puede detenerse en criatura alguna;
todas son por igual viles y soñadoras.
Placer que nunca muere
beso que nunca muere,
sólo en ti misma encuentro, tierra mía.
Nimbos de juventud, cabellos rubios o sombríos,
rizosos o lánguidos como una primavera,
sobre cuerpos cobrizos, sobre radiantes cuerpos
que tanto he amado inútilmente,
no es en vosotros donde la vida está, sino en la tierra,
en la tierra que aguarda, aguarda siempre
con sus labios tendidos, con sus brazos abiertos.

Dejadme, dejadme abarcar, ver unos instantes
este mundo divino que ahora es mío,
mío como lo soy yo mismo,
como lo fueron otros cuerpos que estrecharon mis brazos,
como la arena, que al besarla los labios
finge otros labios, dúctiles al deseo,
hasta que el viento lleva sus mentirosos átomos.

Como la arena, tierra,
como la arena misma,
la caricia es mentira, el amor es mentira, la amistad es mentira.
Tú sola quedas con el deseo,
con este deseo que aparenta ser mío y ni siquiera es mío,
sino el deseo de todos,
malvados, inocentes,
enamorados o canallas.

Tierra, tierra y deseo.
Una forma perdida.

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Re: Luis Cernuda

Mié Ene 20, 2010 6:54 pm

No decía palabras...

No decía palabras,
acercaba tan sólo un cuerpo interrogante
porque ignoraba que el deseo es una pregunta
cuya respuesta no existe,
una hoja cuya rama no existe,
un mundo cuyo cielo no existe.

La angustia se abre paso entre los huesos,
remonta por las venas
hasta abrirse en la piel,
surtidores de sueño
hechos carne en interrogación vuelta a las nubes.

Un roce al paso,
una mirada fugaz entre las sombras,
bastan para que el cuerpo se abra en dos,
ávido de recibir en sí mismo
otro cuerpo que sueñe;
mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne,
iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo.

Aunque sólo sea una esperanza,
porque el deseo es una pregunta cuya respuesta nadie sabe.


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Re: Luis Cernuda

Mié Ene 20, 2010 6:55 pm

No es el amor quien muere...

No es el amor quien muere,
somos nosotros mismos.

Inocencia primera
Abolida en deseo,
Olvido de sí mismo en otro olvido,
Ramas entrelazadas,
¿Por qué vivir si desaparecéis un día?

Sólo vive quien mira
Siempre ante sí los ojos de su aurora,
Sólo vive quien besa
Aquel cuerpo de ángel que el amor levantara.

Fantasmas de la pena,
A lo lejos, los otros,
Los que ese amor perdieron,
Como un recuerdo en sueños,
Recorriendo las tumbas
Otro vacío estrechan.

Por allá van y gimen,
Muertos en pie, vidas tras de la piedra,
Golpeando la impotencia,
Arañando la sombra
Con inútil ternura.

No, no es el amor quien muere.



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Re: Luis Cernuda

Mié Ene 20, 2010 6:57 pm

Oscuridad completa

No sé por qué, si la luz entra,
Los hombres andan bien dormidos,
Recogiendo la vida su apariencia
Joven de nuevo, bella entre sonrisas,

No sé por qué he de cantar
o verter de mis labios vagamente palabras;
Palabras de mis ojos,
Palabras de mis sueños perdidos en la nieve.

De mis sueños copiando los colores de nubes,
De mis sueños copiando nubes sobre la pampa.



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Re: Luis Cernuda

Mié Ene 20, 2010 6:57 pm

País

Tus ojos son de donde
la nieve no ha manchado
la luz, y entre las palmas
el aire
invisible es de claro.

Tu deseo es de donde
a los cuerpos se alía
lo animal con la gracia
secreta
de mirada y sonrisa.

Tu existir es de donde
percibe el pensamiento,
por la arena de mares
amigos,
la eternidad en tiempo.


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Re: Luis Cernuda

Mié Ene 20, 2010 6:58 pm

Quisiera estar solo en el sur

Quizá mis lentos ojos no verán más el sur
de ligeros paisajes dormidos en el aire,
con cuerpos a la sombra de ramas como flores
o huyendo en un galope de caballos furiosos.

El sur es un desierto que llora mientras canta.
Y esa voz no se extingue como pájaro muerto;
hacia el mar encamina sus deseos amargos,
abriendo un eco débil que vive lentamente.

En el sur tan distante quiero estar confundido.
La lluvia allí no es más que una rosa entreabierta;
su niebla misma ríe, risa blanca en el viento.
Su oscuridad, su luz, son bellezas iguales.


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Re: Luis Cernuda

Mar Ene 26, 2010 11:07 pm

A UN POETA MUERTO
(F.G.L.)

Así como en la roca nunca vemos
La clara flor abrirse,
Entre un pueblo hosco y duro
No brilla hermosamente
El fresco y alto ornato de la vida.
Por esto te mataron, porque eras
Verdor en nuestra tierra árida
Y azul en nuestro oscuro aire.

Leve es la parte de la vida
Que como dioses rescatan los poetas.
El odio y destrucción perduran siempre
Sordamente en la entraña
Toda hiel sempiterna del español terrible,
Que acecha lo cimero
Con su piedra en la mano.

Triste sino nacer
Con algún don ilustre
Aquí, donde los hombres
En su miseria sólo saben
El insulto, la mofa, el recelo profundo
Ante aquel que ilumina las palabras opacas
Por el oculto fuego originario.

La sal de nuestro mundo eras,
Vivo estabas como un rayo de sol,
Y ya es tan sólo tu recuerdo
Quien yerra y pasa, acariciando
El muro de los cuerpos
Con el dejo de las adormideras
Que nuestros predecesores ingirieron
A orillas del olvido.

Si tu ángel acude a la memoria,
Sombras son estos hombres
Que aún palpitan tras las malezas de la tierra;
La muerte se diría
Más viva que la vida
Porque tú estás con ella,
Pasado el arco de tu vasto imperio,
Poblándola de pájaros y hojas
Con tu gracia y tu juventud incomparables.

Aquí la primavera luce ahora.
Mira los radiantes mancebos
Que vivo tanto amaste
Efímeros pasar junto al fulgor del mar.
Desnudos cuerpos bellos que se llevan
Tras de sí los deseos
Con su exquisita forma, y sólo encierran
Amargo zumo, que no alberga su espíritu
Un destello de amor ni de alto pensamiento.

Igual todo prosigue,
Como entonces, tan mágico,
Que parece imposible
La sombra en que has caído.
Mas un inmenso afán oculto advierte
Que su ignoto aguijón tan sólo puede
Aplacarse en nosotros con la muerte,
Como el afán del agua,
A quien no basta esculpirse en las olas,
Sino perderse anónima
En los limbos del mar.

Pero antes no sabías
La realidad más honda de este mundo:
El odio, el triste odio de los hombres,
Que en ti señalar quiso
Por el acero horrible su victoria,
Con tu angustia postrera
Bajo la luz tranquila de Granada,
Distante entre cipreses y laureles,
Y entre tus propias gentes
Y por las mismas manos
Que un día servilmente te halagaran.

Para el poeta la muerte es la victoria;
Un viento demoníaco le impulsa por la vida,
Y si una fuerza ciega
Sin comprensión de amor
Transforma por un crimen
A ti, cantor, en héroe,
Contempla en cambio, hermano,
Cómo entre la tristeza y el desdén
Un poder más magnánimo permite a tus amigos
En un rincón pudrirse libremente.

Tenga tu sombra paz,
Busque otros valles,
Un río donde del viento
Se lleve los sonidos entre juncos
Y lirios y el encanto
Tan viejo de las aguas elocuentes,
En donde el eco como la gloria humana ruede,
Como ella de remoto,
Ajeno como ella y tan estéril.

Halle tu gran afán enajenado
El puro amor de un dios adolescente
Entre el verdor de las rosas eternas;
Porque este ansia divina, perdida aquí en la tierra,
Tras de tanto dolor y dejamiento,
Con su propia grandeza nos advierte
De alguna mente creadora inmensa,
Que concibe al poeta cual lengua de su gloria
Y luego le consuela a través de la muerte.

Como leve sonido:
hoja que roza un vidrio,
agua que acaricia unas guijas,
lluvia que besa una frente juvenil;

Como rápida caricia:
pie desnudo sobre el camino,
dedos que ensayan el primer amor,
sábanas tibias sobre el cuerpo solitario;

Como fugaz deseo:
seda brillante en la luz,
esbelto adolescente entrevisto,
lágrimas por ser más que un hombre;

Como esta vida que no es mía
y sin embargo es la mía,
como este afán sin nombre
que no me pertenece y sin embargo soy yo;

Como todo aquello que de cerca o de lejos
me roza, me besa, me hiere,
tu presencia está conmigo fuera y dentro,
es mi vida misma y no es mi vida,
así como una hoja y otra hoja
son la apariencia del viento que las lleva.

Como una vela sobre el mar
resume ese azulado afán que se levanta
hasta las estrellas futuras,
hecho escala de olas
por donde pies divinos descienden al abismo,
también tu forma misma,
ángel, demonio, sueño de un amor soñado,
resume en mí un afán que en otro tiempo levantaba
hasta las nubes sus olas melancólicas.

Sintiendo todavía los pulsos de ese afán,
yo, el más enamorado,
en las orillas del amor,
sin que una luz me vea
definitivamente muerto o vivo,
contemplo sus olas y quisiera anegarme,
deseando perdidamente
descender, como los ángeles aquellos por la escala de espuma,
hasta el fondo del mismo amor que ningún hombre ha visto.

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Re: Luis Cernuda

Mar Ene 26, 2010 11:10 pm

En el poema A sus paisanos, Luis Cernuda les reprocha, entre otras amarguras, la irritación que su obra les provoca: «No me queréis, lo sé, y que os molesta / cuanto escribo [...]», y la indiferencia y el olvido que, en el futuro, se cernirán sobre ella: «[...] sujeto quedo aún más que otros / al viento del olvido que, cuando sopla, mata». Por muy duros y molestos que nos parezcan estos versos, que el paso del tiempo ha desmentido, nuestra capacidad de comprensión tiene que ir más allá de cualquier otro juicio. A Cernuda, como al resto de sus contemporáneos, le correspondió vivir una época muy dura, con el desgarro de la guerra civil y la herida del exilio. De todas formas, él ya venía predispuesto desde niño, por su peculiar hipersensibilidad, a sufrir más que nadie. Sintiéndose distinto y marginado en medio de aquella sociedad, primero tuvo que entablar una guerra consigo mismo, para aceptarse tal como era.

Desde estas páginas del Centro Virtual Cervantes, coincidiendo con el centenario de su nacimiento, queremos contribuir al recuerdo de uno de los poetas más extraordinarios del siglo XX, que brilla con luz propia en medio de esa pléyade de escritores que se conoce como Generación o Grupo del 27. Está claro que pretendemos volver del revés el verso de una rima de Bécquer que inspiró uno de sus libros. No es, en modo alguno, un rescate, pues el interés por su obra ha ido creciendo con el tiempo, solo que ahora, con motivo del aniversario, cobra mayor fuerza conjurar aquellos versos, tan bellos y certeros, que tienen esa melancolía de los lugares íntimos y apartados:

Donde yo solo sea
memoria de una piedra sepultada entre ortigas
sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.

Sin duda la obra de Cernuda, en su conjunto, puede resultarle al lector demasiado atormentada. Pero es materia de vida hecha carne poética, reflexión sobre la existencia y la condición humana en términos universales, y tiene su lugar especial en el grupo de su generación, como contrapunto al vitalismo desbordado de otros. También la vida, con sus claroscuros, se desliza por sus versos, como esos momentos de felicidad que, aunque fugaces y perecederos, habría para él. Y, por encima de todo, la belleza, que, aunque sea efímera, siempre será un goce eterno. De todo ello hemos querido dar cuenta en nuestra antología.

Al final queda un estremecimiento, al contemplarle a él y a todo el grupo.

El poeta dejó de existir en 1963, pero su palabra pervive en nosotros.
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Re: Luis Cernuda

Mar Ene 26, 2010 11:26 pm

Luis Cernuda Bidón (su nombre completo en la partida de nacimiento es el de Luis Mateo Bernardo José Cernuda Bidón) nace en Sevilla el 21 de septiembre de 1902, en la calle Conde de Tójar, 6 (hoy Acetres). Es el menor de la familia, pues antes habían nacido sus hermanas Amparo y Ana. Su padre, Bernardo Cernuda Bousa, era natural de Puerto Rico, aunque los abuelos paternos procedían de España. Su madre, Amparo Bidón Cuéllar, era sevillana, con ascendencia francesa por la rama materna.
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El padre era militar, del cuerpo de ingenieros, y llegó a alcanzar el grado de coronel. Cernuda se cría en un ambiente pequeñoburgués, tranquilo y a la vez monótono, bajo la actitud castrense y autoritaria del padre, que mantiene en el hogar una rígida disciplina. En el poema La familia, Cernuda califica al padre de «taciturno» y a la madre de «melancólica»:

Oh padre taciturno que no le conociste
Oh madre melancólica que no le comprendiste.

Destaca en el mismo poema la incomunicación, pues eran esos «Ojos que no miraban los ojos de los otros». Pero ése es un duro retrato familiar que Cernuda escribe al cabo de los años, cuando ya está él definitivamente endurecido, y quizá su infancia fue, si no feliz del todo, sí al menos segura y tranquila.
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De Ocnos, especie de autobiografía en prosa poética, y de otras fuentes, se desprende que Cernuda, desde niño, fue tímido e hipersensible, con pocos amigos y con una tendencia a la soledad contemplativa y a la meditación.




1911
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El interés de sus primas y hermanas por la poesía de Gustavo Adolfo Bécquer y el acontecimiento del traslado de los restos del poeta posromántico desde Madrid a Sevilla en 1911 supone para Cernuda, a la temprana edad de nueve años, su primer contacto importante con la poesía.

Cernuda lee a hurtadillas, al parecer, tres tomos de Bécquer que sus primas Luisa y Brígida han prestado a sus hermanas.

1914 -1916
Imagen
Hacia 1914 la familia se traslada al nuevo domicilio en el Cuartel de Ingenieros en el Prado, en las afueras de Sevilla. Estudia el bachillerato en el colegio de los escolapios y escribe sus primeros versos a instancias de su profesor de retórica, don Antonio López. Los elogios de este maestro le crean impopularidad entre sus compañeros, lo que acentúa su tendencia a la soledad y a encerrarse en sí mismo. Por las confesiones literarias de Cernuda en Historial de un libro y en Ocnos, sabemos que, por esa época de la pubertad, su despertar a la poesía coincide o es simultáneo con su despertar sexual, y, en concreto, homosexual. Se fragua ahí la base del futuro poeta adulto que se siente diferente y marginado, lo que tendrá, sin duda, su especial proyección tanto en el terreno de la creación poética como en el de sus relaciones con los demás y en su actitud frente a la sociedad.




1919
Imagen

Empieza, con escaso interés, y pasando desapercibido entre sus compañeros y profesores, la carrera de Derecho en la Universidad de Sevilla. En las aulas conoce, como profesor de Literatura en el primer curso, a Pedro Salinas. Salinas, que estrena cátedra en Sevilla y no descubrirá a Cernuda hasta un año más tarde, cuando lea los versos de este publicados en una revista universitaria. Entre los dos nace una amistad que Cernuda declara muy beneficiosa para él, pues Salinas le recomienda leer tanto a los clásicos españoles como a los escritores franceses modernos.

En este sentido, la lectura de André Gide significará mucho para Cernuda, tanto personal como literariamente: el ejemplo de Gide (cuya vida coincide, en cierto sentido, con la de Cernuda) le permitirá reconciliarse consigo mismo.

1920 -1924
Imagen
A finales de 1920 fallece su padre y le es otorgada la emancipación legal, pero sigue con su madre y con sus dos hermanas. Vivirán en una casa de la calle del Aire. Continúa estudiando, con la misma desgana, la carrera de Derecho. En 1923 ingresa en el servicio militar, y es destinado al Regimiento de Caballería de Sevilla. Uno de esos días, cuando sale a caballo con otros reclutas por los alrededores de la ciudad, tiene una especie de visión o revelación («epifanía», la podríamos llamar nosotros) que lo empuja definitivamente a la creación poética. De ahí nacen unos poemas que, según el propio Cernuda confiesa en su Historial de un libro, «ninguno sobrevive». Pero su vocación como poeta ya está definitivamente encarrilada, siempre de la mano, en esos momentos, de Pedro Salinas, lo que le permitirá entrar en contacto con otros escritores. En 1924 termina su servicio en el ejército y es por esa época cuando empieza a escribir los poemas que empezará a publicar en revistas y que configurarán su primer libro, Perfil del aire.




1925 -1926
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En septiembre de 1925 termina la carrera de Derecho, que no llegará a ejercer. Incertidumbres profesionales. En octubre, por mediación de Salinas, conoce a Juan Ramón Jiménez. Publica sus primeros versos en Revista de Occidente, en diciembre de ese mismo año. Son nueve de los veintitrés poemas que conformarán Perfil del aire. Ese mismo mes hace su primer viaje a Madrid, donde se produce su primer contacto directo con los ambientes intelectuales y literarios madrileños. Conoce a Ortega, Bergamín, d’Ors y Guillermo de Torre.

De vuelta a Sevilla en enero de 1926, siguen sus indecisiones profesionales. Se habla de tres proyectos abortados: carrera diplomática, oposiciones a ayuntamientos y trabajo en el Centro de Estudios Históricos.

1927
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Este año es la fecha emblemática para situar al grupo de poetas y escritores que después se conocerá como Generación del 27 y es también un año muy importante en la trayectoria literaria de Cernuda. En abril, la revista Litoral, de Málaga, dirigida por Emilio Prados y Manuel Altolaguirre, le publica, como cuarto suplemento de la revista, su libro de poemas Perfil del aire. Tras la emoción de ver impreso su primer libro, Cernuda tiene que encajar, dolorosamente, las críticas hostiles que el libro genera. Se lo acusa de imitar a Jorge Guillén y —lo que más le duele— de ser poco moderno.

Cernuda reaccionará en sentido opuesto «aquello que te censuren, cultívalo, porque eso eres tú», dice en Historial, y escribe los poemas Égloga, Elegía y Oda, donde la huella de Garcilaso es más que evidente. El primero de estos poemas se publicará, ese mismo año, en la revista Carmen, de Gerardo Diego. También colabora en Verso y Prosa, la revista de Juan Guerrero Ruiz.

En diciembre se celebran en Sevilla
los actos de homenaje a Góngora, organizados por el ateneo de esta ciudad, con la presencia de los escritores —«la brillante pléyade»— recién llegados de Madrid. Cernuda participa en las veladas en un plano secundario, como espectador, pero, según algunas fuentes, en la segunda de las veladas, la del día 17, interviene indirectamente, junto a otros poetas locales, y da a leer algunos versos suyos. Pero lo más sobresaliente es que, aparte de la relación que se crea entre todos los escritores que participan en el homenaje, en esos días se conocen por primera vez Federico García Lorca y Luis Cernuda. Dice Cernuda: «Algo que yo apenas conocía o que no quería reconocer comenzó a unirnos por encima de aquella presentación un poco teatral...». Algunos creen, erróneamente, que en esas jornadas conoce también a Vicente Aleixandre.

ImagenCernuda, Aleixandre, Lorca.


1928 -1929
En julio de 1928 muere la madre del poeta. Por ese motivo, y por resultarle ya demasiado agobiante el ambiente de su ciudad nativa, vende la casa de la calle del Aire y se instala en una pensión de la calle Rosario. En septiembre abandona Sevilla y pasa una corta estancia en Málaga, donde se relaciona con Altolaguirre, Prados e Hinojosa, del grupo Litoral. Después marcha a Madrid y se mueve en los ambientes literarios. Conoce a Vicente Aleixandre, a quien visita en su casa de la calle Velintonia. En noviembre parte hacia Toulouse, donde Pedro Salinas le ha conseguido un lectorado en la École Normale. En Toulouse, venciendo su natural timidez, imparte clases hasta el verano de 1929, y eso le permite realizar durante las vacaciones un viaje a París, ver cine, asistir a sesiones de jazz y leer a los poetas surrealistas franceses, influencia que se percibirá en su tercer libro, Un río, un amor, que empieza escribir por esa época y que publicará en Litoral. En junio de 1929, y tras pasar por Barcelona, vuelve a Madrid, donde fija su residencia en la calle Fuencarral.
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1930 -1936
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A comienzos de 1930 comenzará a trabajar en la librería de León Sánchez Cuesta con un trabajo cómodo y bien remunerado. En Madrid sigue abriéndose paso en los círculos literarios. Reencuentro con Aleixandre y Lorca, en medio del convulso ambiente político y social de esos años. Intenta inútilmente conseguir un lectorado en Oxford, que finalmente le es concedido a Dámaso Alonso. Se acentúan en él su amargura y su resentimiento hacia el mundo que lo rodea, tal y como se percibe en su siguiente libro poético que escribe, de abril a junio de 1931, Los placeres prohibidos, y en las palabras que envía a Gerardo Diego para su antología de 1932: «La detesto [la realidad] como detesto todo lo que a ella pertenece: mis amigos, mi familia, mi país».
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De 1932 data su relación amorosa con Serafín F. Ferro, que inspira los poemas de Donde habite el olvido. No le es fácil publicar los sucesivos libros poéticos que escribe. No obstante, las publicaciones y revistas literarias le piden colaboraciones, como Héroe, dirigida por Manuel Altolaguirre, en donde aparece su célebre poema El joven marino, o como Octubre, por invitación de Rafael Alberti, creador de la revista, donde Cernuda proclama su adhesión al comunismo con un manifiesto poco convincente, sin duda por el desinterés que sentía por la política militante. Sin embargo, las simpatías del poeta por la causa republicana van más allá de las adhesiones y de los manifiestos, pues en 1934 colabora dando conferencias por los pueblos de España, con el Patronato de Misiones Pedagógicas y Culturales, institución creada por el gobierno. Publica también en el Heraldo de Madrid.
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A fines de ese mismo año de 1934 sale a la luz Donde habite el olvido. Aunque es su quinto libro de poesía, es sólo el segundo publicado (si exceptuamos una breve antología propia que con el título de La invitación a la poesía apareció en 1933). Esa dificultad por publicar, y
el hecho de que sea prácticamente desconocido para los lectores, lo lleva a reunir todos sus libros de poesía en un solo volumen, al que pone el emblemático título de La Realidad y el Deseo. José Bergamín acepta editarlo en las ediciones del Árbol de Cruz y Raya, donde aparece el 1 de abril de 1936. El 20 de ese mismo mes, para festejar la aparición del libro, los escritores le dedican un homenaje a Cernuda en un restaurante de Madrid. Lorca, a quien le ha impresionado mucho el libro, hace la presentación. Aparecen en la prensa, sobre el libro, artículos elogiosos de Juan Ramón Jiménez y de Pedro Salinas.




Julio de 1936-septiembre de 1947
Al estallar la sublevación militar contra la República, marcha a París como secretario del embajador Álvaro de Albornoz, y con la hija de éste, Concha. Regresa con ellos a Madrid en septiembre, donde participa en algunas emisiones radiofónicas y como voluntario, dentro de las milicias populares, del Batallón Alpino, en la sierra de Guadarrama.
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A principios de 1937 se traslada a Valencia, donde funda, junto con Rafael Alberti, Juan Gil-Albert y otros escritores la revista Hora de España. Desde esas páginas, Cernuda le dedica a Lorca una de las más sentidas elegías que aparecieron por todo el mundo. Escribe poemas que pasarán después a Las nubes. Participa como actor en la representación de Mariana Pineda en el II Congreso Internacional de Escritores. Conoce a Octavio Paz.
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En febrero de 1938 sale de España para nunca más regresar. Comienza, así, la segunda época de su vida, la del exilio. Lo acompaña, hasta París, Bernabé Fernández-Canivell. Desde París pasa a Inglaterra, animado por el poeta inglés Stanley Richardson, quien le habla de la posibilidad de dar conferencias.

En Londres, donde se encuentra a disgusto al no encontrar una ocupación adecuada, Cernuda visita con frecuencia a Rafael Martínez Nadal y a otros españoles. Obtiene un puesto de tutor de los niños vascos refugiados en Oxfordshire. Viaja a París, con la intención de huir de Inglaterra y regresar a España, pero, convencido por Martínez-Nadal y su familia, regresa con ellos a Londres a fines de septiembre de 1938 y se alojará en su casa. Pronto parte para Surrey, pues, gracias a Richardson, la Cranleigh School le ofrece una ayudantía académica durante un trimestre. Después consigue un puesto de lector de español en la Universidad de Glasgow, donde se instala en enero de 1939. Escocia lo deprime, y viaja en las vacaciones estivales a Oxford. Entre 1940 y 1941 compone la primera versión del libro de prosa poética Ocnos, que aparecerá en Londres en 1942. En agosto de 1943 se traslada, también como lector, al Emmanuel College de Cambridge. En junio de 1945 termina su lectorado en Cambridge y regresa una vez más a Londres, donde trabajará como lector en el Instituto Español, dirigido por republicanos españoles en el exilio. Vive en Hyde Park Gate, en la misma casa que el pintor Gregorio Prieto. Dos años después, a primeros de septiembre de 1947, y por invitación de su amiga Concha de Albornoz, quien le ofrece un puesto como profesor en una universidad norteamericana, abandona definitivamente Inglaterra y Europa camino de América; embarca en Southampton. Durante este período ha compuesto el núcleo de poemas de la serie Como quien espera el alba y ha empezado la redacción de Vivir sin estar viviendo.




19471947 -1963
Cernuda desempeña el cargo de profesor en Mount Holyoke College, South Hadley, Mass, desde 1947 hasta 1952. Aunque se siente, por primera vez, bien remunerado, el clima lo deprime. En 1949 viaja durante las vacaciones del verano a México, país que le hace recordar su tierra natal. En ese mismo año de 1949 la revista Ínsula le publica la segunda edición de Ocnos. Durante los veranos de 1950 y 1951 sigue viajando a México. Por esa época empieza a escribir Con las horas contadas. En México, en 1951, conoce a un joven culturista llamado Salvador, que le inspira Poemas para un cuerpo.
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Estancia en Cuba entre diciembre del 51 y enero del 52, donde se relaciona con el grupo de «Orígenes». En noviembre de 1952 se traslada a México; allí vive en casa de Concha Méndez, ya separada de su esposo, Manuel Altolaguirre. En agosto-noviembre de 1955 la revista cordobesa Cántico le dedica un homenaje y en diciembre inicia sus colaboraciones en la revista malagueña Caracola. De 1954 a 1960 da clases, sin mucha convicción, sobre teatro español y francés del siglo XVII, en la Universidad Autónoma de México. Todavía regresa a Estados Unidos, en 1960; permanece allí casi tres años dando clases, lecturas poéticas y conferencias en universidades e instituciones de Los Ángeles, San Francisco, Berkeley, pero sin abandonar, entre medias, sus visitas a México.
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En noviembre de 1962 publica Desolación de la Quimera y en ese mismo mes la revista valenciana La Caña Gris le dedica un número-homenaje, lo que supone una revalorización de su poesía por parte de la juventud literaria. En junio de 1963 regresa a México con intención de volver a ejercer como profesor en una universidad californiana, pero los trámites previstos para el visado lo hacen desistir. Se halla, en uno de sus momentos más bajos, tanto física como espiritualmente. En el domicilio de Concha Méndez, en el amanecer del 5 de noviembre de 1963, fallece repentinamente de un ataque al corazón. Es enterrado en el Panteón Jardín de la ciudad de México.
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Re: Luis Cernuda

Mar Ene 26, 2010 11:28 pm

A sus paisanos

No me queréis, lo sé, y que os molesta
Cuanto escribo. ¿Os molesta? Os ofende.
¿Culpa mía tal vez o es de vosotros?
Porque no es la persona y su leyenda
Lo que ahí, allegados a mí, atrás os vuelve.
Mozo, bien mozo era, cuando no había brotado
Leyenda alguna, caísteis sobre un libro
Primerizo lo mismo que su autor: yo, mi primer libro.
Algo os ofende, porque sí, en el hombre y su tarea.

¿Mi leyenda dije? Tristes cuentos
Inventados de mí por cuatro amigos
(¿Amigos?), que jamás quisisteis
Ni ocasión buscasteis de ver si acomodaban
A la persona misma así traspuesta.
Mas vuestra mala fe los ha aceptado.
Hecha está la leyenda, y vosotros, de mí desconocidos,
Respecto al ser que encubre mintiendo doblemente,
Sin otro escrúpulo a vuestra vez la propaláis.

Contra vosotros y esa vuestra ignorancia voluntaria,
Vivo aún, sé y puedo, si así quiero, defenderme.
Pero aguardáis al día cuando ya no me encuentre
Aquí. Y entonces la ignorancia,
La indiferencia y el olvido, vuestras armas
De siempre, sobre mí caerán, como la piedra,
Cubriéndome por fin, lo mismo que cubristeis
A otros que, superiores a mí, esa ignorancia vuestra
Precipitó en la nada, com al gran Aldana.

De ahí mi paradoja, por lo demás involuntaria,
Pues la imponéis vosotros: en nuestra lengua escribo,
Criado estuve en ella y, por eso, es la mía,
A mi pesar quizá, bien fatalmente. Pero con mis expresas excepciones,
A vuestros escritores de hoy ya no los leo.
De ahí la paradoja: soy, sin tierra y sin gente,
Escritor bien extraño; sujeto quedo aún más que otros
Al viento del olvido que, cuando sopla, mata.

En la hora de la muerte
(Si puede el hombre para ella
Hacer presagios, cálculos),
Tu imagen a mi lado
Acaso me sonría como hoy me ha sonreído,
Iluminando este existir oscuro y apartado
Con el amor, única luz del mundo
Luis Cernuda
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Re: Luis Cernuda

Mar Ene 26, 2010 11:30 pm



¿Cómo se forja y surge el genio? Sin duda tienen que darse una serie de circunstancias. Analizarlas no permite establecer conclusiones universales como si de leyes científicas se tratara. Pero pueden ayudar a comprender. Haber nacido en Sevilla, haberse movido por la magia de sus jardines, de sus patios y de sus calles estrechas, y haber recorrido sus alrededores, donde un día, de repente, es atravesado por la flecha de su destino como poeta. Pertenecer a una familia pequeñoburguesa donde se respira un ambiente de seriedad y rigidez afectiva, ser retraído y tímido, tener pocos amigos en la infancia, descubrir la poesía leyendo a Bécquer. Observar que, en el despertar sexual de la adolescencia, la atracción es hacia el propio sexo, sentirse distinto, sentirse señalado por los compañeros del instituto porque escribe versos. Cursar con desgana una carrera universitaria, empezar a conocer a grandes figuras de la literatura del momento, querer ser como ellos, leer a clásicos y modernos, publicar su primer libro de versos y encajar críticas negativas, huir de Sevilla... Todo ello sin duda crea un carácter hipersensible, especialmente receptivo con la belleza del mundo, sufriendo, pero también gozando con más intensidad que otros. Un carácter que busca más un aislamiento que le permita concentrarse en las pequeñas y grandes cosas que para otros pasan desapercibidas, pero no para los ojos del poeta, verdadero intérprete de las esencias del mundo.
En Cernuda hay dos exilios: el suyo propio con respecto a todo lo que lo rodea y el provocado por la guerra civil, que se superpondrá al primero. Su existencia es la de un conflicto permanente entre sus deseos y la realidad, entre el placer y el dolor, entre el amor —historias no duraderas, y que terminan mal— y el deseo de amar. Entre la amistad y el afecto y la decepción, el recelo y la susceptibilidad. Entre las ideas de justicia social y el desencanto de la política. Entre su elitismo y un mundo de vulgaridad que nace de la ignorancia, de la necesidad y de la miseria. Entre el recuerdo, la nostalgia y el amor a España y el rencor hacia sus paisanos. Y, sobre todo, una gran soledad. De todo ello fluye su creación, para suerte nuestra.

Su imagen, la que de él nos ha quedado en los testimonios de sus contemporáneos y en las fotografías, acusa esa expresión de seriedad, de ensimismamiento, a veces con una sonrisa melancólica, o con una sonrisa forzada, como quien se resigna a asumir las mezquindades y ofensas de la vida. En su rostro destacan unos rasgos andaluces inconfundibles, piel oscura, ojos oscuros, pómulos un tanto salientes, bigote recortado, todo ello bajo el negro pelo atezado y ceñido. Su atuendo habitual es el de un dandi, con el traje y la camisa bien planchados, buenas corbatas, botines, sombrero y guantes. Incluso alguien dijo de él que lo vio usar monóculo. Su atildamiento y elegancia se suelen interpretar como una forma de protegerse, de distanciarse. Como un escudo. Nos lo imaginamos caminando por aquella España llena de aristas, observando con estupor el desarrollo de los acontecimientos.


Poesía

Perfil del aire, 4.º suplemento de Litoral, Málaga, 1927.
Gerardo Diego, Poesía española. Antología 1915-1931, Madrid, Signo, 1932. (Varios poemas, algunos de ellos inéditos.)

La invitación a la poesía. Poemas entresacados al azar de las obras del autor, Madrid, La Tentativa Literaria, 1933. (Varios poemas, algunos de ellos inéditos, o corregidos los ya publicados.)

Donde habite el olvido, Madrid, Signo, 1934. (Al final se menciona ya el título común de la obra poética de Luis Cernuda: La Realidad y el Deseo.)

El joven marino, Madrid, col. Héroe, 1936.

La Realidad y el Deseo, Madrid, Cruz y Raya, Ediciones del Árbol, 1936. (Esta primera edición, que lleva el título común de la obra poética del escritor, contiene las siguientes secciones: «Primeras poesías»; «Égloga, elegía, oda»; «Un río, un amor»; «Los placeres prohibidos»; «Donde habite el olvido»; «Invocaciones a las gracias del mundo».)

La Realidad y el Deseo, 2.ª ed., Séneca, México, 1940. (Incluye las secciones indicadas y añade «Las nubes».)

Las nubes, Buenos Aires, Schapire, col. Rama de oro, 1943.

Como quien espera el alba, Buenos Aires, Losada, col. Poetas de España y América, 1947.

Poemas para un cuerpo, Málaga, Caracola, col. A quien conmigo va, 1957. (En una aclaración que precede al texto se dice que los dieciséis poemas que contiene el libro «forman una breve serie independiente, dentro del libro Con las horas contadas, sección X de La Realidad y el Deseo».)

La Realidad y el Deseo, 3.ª ed., corr. y aum., México, Fondo de Cultura Económica, 1958. (En nota introductoria se indica que en la presente edición se han añadido tres secciones nuevas: «Como quien espera el alba», «Vivir sin estar viviendo», «Con las horas contadas», más una inconclusa y sin título que hace la número XI. Se aclara también que todas las nuevas secciones son inéditas, menos «Como quien espera el alba», y que los poemillas en prosa incluidos en «Los placeres prohibidos» aparecen ahora por vez primera. Se indica también que esta edición «no es solo la más completa, sino también la más correcta del libro, hasta la fecha».)

Díptico español, (1960-1961). Poemas, Bogotá, Mito, 1961.

Desolación de la Quimera (1956-1962), México, Joaquín Mortiz, 1962. (En una advertencia que precede al texto se indica que esta colección de poemas es continuación y completa la sección XI, inacabada y sin título, con la que concluía la 3.ª ed. de La Realidad y el Deseo.)




Prosa poética y narrativa


Ocnos (1940-1942), Londres, The Dolphin, 1942.
Tres narraciones, Buenos Aires, Imán, 1948.

Ocnos, 2.ª ed., aum., Madrid, Ínsula, 1949. (En dos tiradas especiales fuera de comercio se incluyeron dos poemas [«El poeta y los mitos» y «El enamorado»] que se eliminaron de la edición normal por razones de censura.)

Variaciones sobre tema mexicano, México, Porrúa y Obregón, col. México y lo mexicano, 1952.

Ocnos, 3.ª ed., aum., Xalapa, Universidad Veracruzana, 1963.




Estudios literarios


Estudios sobre poesía española contemporánea, Madrid, Guadarrama, 1957.
Pensamiento poético en la lírica inglesa (siglo XIX), México, Imprenta Universitaria, 1958.

Poesía y literatura, I, Barcelona, Seix Barral, 1960.




Traducciones

Próspero Mérimée, Teatro de Clara Gazul (seud.) comedianta española, seguida de La familia de Carvajal, trad. del francés por Luis Cernuda, Madrid, Espasa-Calpe, 1933.
Bernardin de Saint-Pierre, Pablo y Virginia, trad. de Luis Cernuda, Madrid, Espasa-Calpe, 1933.

J. Ch. F. Hölderlin, Poemas, versión española de Luis Cernuda y Hans Gebser, México, Séneca, 1942.

W. Shakespeare, Troilo y Crésida (tragedia en cinco actos), trad. de Luis Cernuda, Madrid, Ínsula, 1953.
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Re: Luis Cernuda

Mar Ene 26, 2010 11:32 pm


Solo en el fondo de otra casa de otra calle, calle del Aire, esculpido, labrado suavemente por esa íntima tarde eterna andaluza, de las cuatro a las nueve, Luis Cernuda fue, es, sigue siendo el más esencial, hondo sobrebecqueriano de los poetas jóvenes españoles.

Juan Ramón Jiménez, «Luis Cernuda» (1927),
en Españoles de tres mundos, Buenos Aires, Losada, 1942
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Re: Luis Cernuda

Mar Ene 26, 2010 11:33 pm

La realidad y el deseo me ha vencido con su perfección sin mácula, con su amorosa agonía encadenada, con su ira y sus piedras de sombra.


Palabras de Federico García Lorca, en el homenaje a Luis Cernuda de 1936






1936
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